Conducción defensiva, gestión de la fatiga y subidas y bajadas seguras: la seguridad vial del profesional en la práctica.
Como taxista recorres muchos más kilómetros que la mayoría, y con ello aumenta también tu exposición al riesgo. La conducción defensiva —mantener distancia, leer el tráfico con antelación y anticipar los errores de otros— es la base de una conducción profesional segura. La conciencia del riesgo consiste en ver el peligro antes de que surja, no en reaccionar solo cuando ya es demasiado tarde.
La fatiga es uno de los riesgos más graves del oficio, sobre todo con el trabajo nocturno y a turnos que altera el reloj biológico. Planifica pausas, evita conducir cuando estés muy cansado y aprende a reconocer las señales tempranas como los bostezos y la pérdida de concentración. Ningún viaje vale arriesgar la seguridad.
Gran parte del riesgo propio del taxi surge al subir y bajar: pasajeros que abren la puerta hacia el carril bici, salen a la calzada o te presionan para parar en un sitio inadecuado. Deja al pasajero en un lugar seguro para el tráfico aunque el cliente quiera otra cosa, y vigila a ciclistas y peatones alrededor del coche. Tu criterio pesa más que el deseo de un solo cliente.
La seguridad es una materia propia del examen 1 y la legislación de tráfico la mitad del examen 2, así que este conocimiento es directamente relevante. Las preguntas comprueban que conoces las reglas y que puedes aplicar un criterio de seguridad en situaciones prácticas. Lo que aprendes para el examen es, por tanto, lo mismo que te mantiene seguro en el trabajo.